Editorial nº 241. Editoriala

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UNA TOMADURA DE PELO

51.000, 62.000, 100.000 millones de euros parece ser lo que necesita “la banca española” para sanearse.

Los números siempre han sido algo mágico en la historia de la humanidad, ahí están los primos, los de la lotería, los romanos, el número aureo o la secuencia de Fibonacci.

Y lo siguen siendo en esta Europa que muchos habían creido más social que económica, dejando claro el dicho de que “¡es la economía, estúpido!”.

Tras esos números se esconde la fórmula por la que van a ser adjudicados, en función de unos análisis que van a hacer cuatro listos que cumplen sus números a cuenta de los números de los demás. Todo un espectáculo de trileros si por medio no estuviesen los millones de parados actuales y futuros

Y tras esa fórmula numérica se esconden también las consecuencias que, según dicen vamos a pagar los ciudadanos de a pie via subida de impuestos para que sea creible su devolución por parte de los manirrotos habituales.

En esta situación los nostálgicos nos recuerdan que con la peseta todo iría mejor, nos pegaban una devaluación y todos más contentos que el copón con nuestros salarios y nuestro nivel de vida rebajado en el porcentaje numérico correspondiente. Siempre los números.

En lo que a Kutxabank respecta y dado que estamos en el “grupo intermedio” las posibles necesidades numéricas “podría conseguirlas por sus propios medios o con una ayuda pública moderada”. Y sea cual sea la fórmula, parece claro que se quiere que los currelas seamos parte de los paganos de la posible deuda que se contraiga.

¿Cómo quieren que la paguemos? Con un convenio de homologación que nos corta las piernas y la cabeza, con el cierre de oficinas, con la reducción del empleo, con lo que se les ocurra en esta larga y desordenada carrera de reducción de costes.

Y con toda esa situación de indefinición, de duda, de tensión, parece que vamos a tener que recurrir a la cábala para conseguir negociar un Convenio de Homologación real, no un sucedáneo edulcorado.

De aquí a unos años, si esto da la vuelta, cuando los números sean otros y afloren todas esas numéricas sobredotaciones en forma de beneficios ¿sobre quien van a repercutir los mismos?.

“En tiempos de tribulación no hacer mudanza”, decía el fundador de los jesuitas. Y visto lo bien que le ha ido a su corporación a lo largo de los siglos, tal vez deberíamos aplicarnos el cuento y gritar eso de ¡Es la Homologación, estúpido!.

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