Kutxabank en la reunión celebrada hoy con las secciones sindicales ha hecho pública una oferta de prejubilaciones. Ahora llega el momento de analizar esta oferta y ver si hay posibilidad de llegar a un acuerdo. En un primer momento, el análisis parece tan sencillo como complicado el acuerdo:
El primer análisis es de pura lógica: si la empresa quiere lograr el máximo número de adhesiones posibles deberá realizar una oferta más atractiva. Si no, no funciona.
El siguiente análisis es que si Kutxabank prevé afrontar un programa de prejubilaciones que alcance a 600 personas en 2 años (según El Correo, aunque la empresa ha hablado de menos de la mitad) se enfrenta a una tarea empresarial que exige un importante esfuerzo organizativo en la reordenación de la plantilla. Máxime cuando hemos perdido un año por la parálisis directiva sufrida desde la salida del anterior presidente.
Según Kutxabank no se producirán cierres “significativos” de oficinas, ni traslados de “significación”, y el proceso de reordenación se realizará mediante amortización de puestos, eficiencia y externalización de servicios “non-core”.
A nuestro entender la única manera de afrontar esta tarea con posibilidades de éxito es definiendo una estrategia de futuro, basada en la motivación y no en imposiciones y decisiones arbitrarias, en la que realmente se considere a los trabajadores como el activo más importante de Kutxabank. Y ahí no se puede eludir la necesidad de contratación.
Kutxabank no puede seguir matando la motivación de la plantilla. La dirección de la empresa tendrá que ganarse la confianza de los trabajadores, confianza que ha perdido sistemáticamente gracias a los sinsentidos de los últimos tiempos.
Creemos que es necesario un buen acuerdo para el futuro de la plantilla, y nosotros trabajaremos hasta el último minuto con ese fin, pero para que un acuerdo funcione y redunde en beneficio de la plantilla es imprescindible también la implicación de la otra parte.